FESTIVALEAR EN EL NORTE GLOBAL
- DRAGON ESTUDIOS

- hace 3 horas
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¿Qué hay de problemático en llevar nuestras películas al Norte Global?
Hay algo que duele -y a veces no sabemos nombrar- cuando nuestras películas cruzan el océano para ser celebradas en vitrinas que no fueron hechas para nosotrxs. Nos aplauden, nos proyectan, nos premian... y sin embargo, algo incomoda. ¿Por qué esa incomodidad, esa fisura entre el reconocimiento y la pertenencia? Quizás porque intuimos lo que Achille Mbembe ha puesto en palabras: el capitalismo tardocolonial ya no necesita colonizar territorios, le basta con capturar los significados. El cine del Sur se convierte así en mercancía simbólica. No por su potencia política, sino por su utilidad estética. Nos cuelgan como medallas de diversidad en sus pechos blancos, sin renunciar a sus privilegios racistas, clasistas, extractivistas. Nos aplauden con una mano mientras con la otra siguen firmando tratados de despojo.
¿Y nuestras historias? Curadas, recortadas, domesticadas. Como advirtió Frantz Fanon, el colonizado es mirado, pero rara vez visto. Solo somos seleccionables cuando repetimos la cartografía del dolor que ellos esperan de nosotrxs: pobreza, violencia, misticismo, exotismo. Una estética de la miseria que alimenta el voyeurismo del privilegio. Lo que no encaja en esa narrativa hegemónica, se silencia. Y así, nuestras películas se convierten en espejos torcidos que devuelven imágenes que no nos pertenecen del todo. Participar en estos festivales supone además cargar con la desigualdad estructural que describió Pierre Bourdieu: el campo cultural está atravesado por jerarquías invisibles. Ellxs tienen el capital simbólico, nosotrxs pagamos inscripciones, traducciones, boletos, hospedaje. Ellxs reparten visibilidad; nosotrxs mendigamos presencia. Ganamos, a veces, pero también nos endeudamos. Somos los invitadxs que pagan por estar en la fiesta -esperando no ser absorbidxs por su lógica. Y si una película latinoamericana "triunfa" allá, entonces -y solo entonces- parece que vale. Como si nuestras verdades necesitaran el sello de una mirada blanca para volverse legítimas. Walter Mignolo lo llama la colonialidad del saber: lo que decimos importa solo cuando ellxs lo aprueban.
¿Y nuestra crítica local? ¿Nuestro público, nuestras plataformas, nuestras voces? Borradas por el resplandor de su validación. Pero el gesto más perverso es el del falso aliado. El festival que nos abraza mientras su país saquea litio, expulsa migrantes o financia guerras. Como bien señaló Rita Segato, el poder no solo se impone con fuerza, también con afectos. Premiar una película del Sur no borra sus culpas, solo las maquilla. Nos dan el trofeo con una mano, y con la otra nos quitan soberanía.
Entonces, ¿está mal ir? No. Pero no es inocente. Como decía Bell Hooks, podemos habitar la contradicción ¿Qué hay de problemático en llevar nuestras películas al Norte Global? si no olvidamos quiénes somos ni para quién contamos lo que contamos. No se trata de ir o no ir, sino de desde dónde vamos, para qué, con quiénes, y con qué conciencia. Ir sin rendirse. Entrar sin entregarse. Usar sin ser usados. Porque se puede ocupar un espacio hegemónico mientras se lo cuestiona. Stuart Hall insistía: lo importante no es solo representar, sino cómo y desde dónde se representa.
Entonces, ¿qué hacer? Nombrar la grieta. No avergonzarnos de la contradicción, sino volverla brújula. Fortalecer nuestros propios circuitos: festivales independientes, cineclubes, plataformas comunitarias. Redistribuir lo ganado: que nuestros logros no sean trofeos personales, sino puertas abiertas. Desromantizar el premio: entender que el reconocimiento no es destino, es tránsito. Recordar por qué filmamos: no por la alfombra roja, sino por la memoria, por la comunidad, por la herida abierta que respira en cada plano. Gloria Anzaldúa escribió que narrar es también una forma de sanar. Que ir al Norte no nos haga olvidar el Sur que nos parió. Que el éxito no nos haga perder el horizonte. No queremos ser excepción celebrada. Queremos ser comunidad viva.
!vaya arrogancia!
¿Quién les dijo que son el mejor publico del mundo? con que referencia, base, fundamento se afirman mejores que un expectador que asiste a un cineclub en la sierra mexicana o en un barrio de la periferia de la CDMX?

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