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Ni un vaso de agua

hace 3 días
3 min de lectura

Ayer fui a presentar un cortometraje a un bar que había abierto una convocatoria. Envié cinco cortos, eligieron uno y me invitaron al Q&A.

Es un corto que hice con mi propio dinero. Recorrí 15 kilómetros desde mi casa hasta el bar porque me habían invitado a presentar mi trabajo.

Cuando llegué, vi los precios: 100 pesos una cerveza, 150 un mezcal. Ni siquiera pregunté cuánto costaba una Coca-Cola. No llevaba dinero para consumir, así que me senté y me aguanté la sed.

La proyección se retrasó una hora porque el proyector del bar no funcionaba y tuvieron que conseguir otro. Durante esa hora, los directores invitados estuvimos sentados viendo cómo la gente bebía mientras esperábamos para presentar nuestras películas.

En medio de la espera, vi al organizador pedir una promoción para mantener contento al público. Ofrecieron una cerveza y un mezcal por 150 pesos. Para que los clientes estuvieran a gusto mientras resolvían el problema, sí hubo una promoción.

Me acerqué y pregunté si podían darnos una cortesía de bebida a los directores que habíamos ido a presentar nuestros trabajos.

—No damos cortesías.

Le expliqué que venía de lejos, que llevábamos más de una hora esperando por un problema del lugar y que habíamos acudido a presentar películas hechas con nuestro propio dinero y trabajo.

Entonces me dijo que podría darme una cortesía, pero que no se la exigiera.

Le contesté: «Ok, no me des nada, te vayas a quedar pobre por darme una bebida».

Tomé mi chamarra y me fui.

Hacer cine independiente cuesta dinero. Pones tus recursos para producir una película, pagas inscripciones a festivales, subtítulos, traslados, comidas y hospedajes. Cuando te invitan a presentar tu trabajo, casi siempre los gastos corren por tu cuenta. Además de hacer la película, tienes que conseguir que se vea y trasladarte para hablar de ella.

Y hay algo más: si yo hubiera comprado una cerveza de 100 pesos, habría terminado pagando al bar por asistir a una invitación que me hicieron para presentar mi trabajo. Un trabajo que, junto con el de los demás directores, ayudó a convocar al público que fue a ver los cortos y que consumió en el lugar. Nosotros llevamos las películas, la gente fue a verlas y el bar vendió sus bebidas. ¿Y todavía teníamos que pagar por estar ahí?

Y tampoco es que ya me sienta Guillermo del Toro y espere que me pongan una alfombra de rosas. ¡Por favor! Estoy hablando de atenciones básicas. Apartarnos un asiento, presentarnos con la gente del bar, ofrecernos una bebida, pedir una cortesía para quienes fuimos a presentar nuestros trabajos. Si la proyección se retrasa una hora por un problema de su equipo, al menos ofrecer una disculpa y tener alguna consideración con quienes estamos esperando.

¡Al menos, carajo!

No estoy pidiendo un trato de celebridad. Estoy hablando de educación, hospitalidad y reconocimiento al trabajo de quienes aceptamos una invitación y ponemos de nuestra parte para que la actividad suceda.

Lo que me da coraje es que hubiera una promoción para mantener contento al público mientras esperaba, pero ninguna atención para los directores. Nosotros también estábamos ahí, también estábamos esperando y también habíamos contribuido a que la gente acudiera al lugar. Cuando pregunté si podían ofrecernos una bebida, terminé escuchando que no debía exigirla.

¡Pues sí, hay que exigir atenciones! Nos las merecemos y nos las hemos ganado. No tenemos por qué sentir vergüenza de pedirlas ni aceptar que nos hagan sentir abusivos por hacerlo.

Ayer recorrí 15 kilómetros, llevé mi trabajo y esperé más de una hora por un problema que no era mío. Me fui con sed y con mucho enojo.

Ni una cerveza. Ni un café. Ni un vaso de agua. Ni siquiera una disculpa por la espera.

Y todavía parece que la grosera fui yo por pedir una cortesía.

 
 
 

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En mi juventud temprana, por ahi de los 80s, decíamos asi cuando algo ya habia sido usado, ya estaba gastado, ya se te habia caido un pan al piso y ya nadie se lo iba a querer comer, asi me siento cua

 
 
 

1 comentario


Zaira Rodriguez
Zaira Rodriguez
hace 3 días

“Ni una vaso de agua”, ni un agradecimiento, ( … ) nada.

Esto claramente refleja una distorsión del sentido estricto del arte; siendo objeto mercadológico en tendencia y perdiendo tristemente el sentido del arte misma. : (

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